Estar a tono con las expectativas, acordar con las raíces, respectar al producto y pensar en el cliente… unas cuántas variables que en El Hornero y su cercana posta constituyen su esencia.

Moverse en un sitio histórico, deberse al barrio, mantener la raíz sin convertirse en un souvenir, explotar el valor diferencial con profundo arraigo de tradiciones… Llegar a un mercado es aventurarse por sendas que retrotraen a la Buenos Aires de antaño. Realizar las compras del día, buscar algún condimento que no es sencillo de encontrar en otro lugar, o simplemente dejarse llevar entre los puestos de antigüedades, artesanías, discos o juguetes viejos. Es una experiencia ecléctica, que permite resolver una jornada completa en una combinación personal.

En medio de la muchedumbre de opciones que pululan por los pasillos, El Hornero y su anexo, La Posta del Honero, se configuraron en un pionero del tradicional Mercado de San Telmo que hoy, como polo gastronómico, atrae a turistas y locales con fruición.

Aníbal Cordero caminaba por la zona con su esposa e imaginaba, basado en su buen diente, qué bueno sería que el famoso mercado de la ciudad siguiera las tendencias internacionales y se convirtiera en un espacio que, a la vez de su oferta tradicional, jugara con la propuesta gourmet. Sólo dos espacios estaban por entonces. Se animó y, aún sin experiencia gastronómica, hizo sus primeros pininos en el sitio. Luego de un tiempito de navegar las aguas del nuevo polo restauranteur, llegó la hora de apostar por las empanadas.

Sustento y sabor
Hechas a la vista, mientras el horno de barro cocina las que el comensal se lleva, el relleno es el rey de la propuesta. La masa es sólida y lo suficientemente frondosa para sontener el contenido sin que se escape una gota. Pero la corona se la lleva lo de adentro. Carne al horno y frita, pollo, cebolla, jamón (¡¡¡de verdad!!!) y queso, humita (con granos de choclo en vivo y directo), roquefort y mondongo… La estrella total, la de catimpalo y mozzarella.

Piezas sabrosas, con identidad, hechas con cariño y relleno que, para una empanada es clave. Nada de cortarlas y salir a rastrear el interior. Aquí un par de piezas son suficientes para saciar el hambre y el alma tentada de repulgue.

Mientras la esencia de El Hornero son las empanadas, a La Posta del Hornero se le suma la oferta de cerveza tirada y música nacional, bajo el concepto de que el visitante se lleve puesto un pedacito de Argentina.

Para dar de comer hay que saber hacerlo. Nada mejor que trabajar bajo la idea de ofrecer aquello que uno comería. Aquí el alma está puesta como un trozo más de cada relleno.

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello