Las vacaciones de invierno son cortas, por eso, para aprovechar el descanso del colegio y de las actividades cotidianas, es preciso organizarse: tanto los tiempos de descanso como los de diversión, pueden disfrutarse mejor si se planifican.

“Las vacaciones son una oportunidad para darle lugar a aprendizajes significativos que se adquieren desde otra perspectiva, y otra experiencia distinta a la de la escuela. También es un momento ideal para reforzar lazos al interior de las familias”, opina Hugo Martínez, especialista en educación y director pedagógico de Colegium, la plataforma de Apps y sistemas de gestión escolar. A través de actividades en conjunto, salidas, conversaciones o simplemente el compartir los espacios comunes por más tiempo, mejora la relación entre las personas que comparten un hogar.

Para sacarle provecho a las vacaciones, y considerando el desarrollo de distintas inteligencias y habilidades, como son la educación física, la expresión oral y musical, la alimentación y uso de las redes sociales, Hugo Martínez, especialista en pedagodía, recomienda diversas actividades para poder aprovechar en grupo:

• Relajarse: Durante el desarrollo de la infancia los niños y niñas atraviesan diversas situaciones las cuales generan frustraciones que pueden llevar a un cambio de su comportamiento. En estos casos, resulta de suma importancia que ellos puedan aprender a relajarse y a regular el estrés para poder preservar su bienestar a partir del autocontrol y el autoconocimiento tanto físico como mental.

Una de las técnicas que se puede llevar a cabo es sentarse en el suelo o en una silla, cerrar la boca y taparse los oídos con los dedos índices, inhalar profundamente y al exhalar imitar el sonido de una abeja (aumentando o disminuyendo el sonido). Repetirlo tres veces.

• Contar cuentos: La lectura es una práctica que fomenta la dicción, la conversación y el debate. Pero no solo eso, también permite que los niños descubran nuevos vocabularios, aprendan a expresarse emocionalmente y entiendan conceptos de la vida cotidiana.

En el caso de los más pequeños, aunque no sean capaces de seguir el desarrollo de una historia, pueden centrar su atención e interés en los estímulos visuales como los dibujos o colores que les hayan llamado la atención. A medida que van creciendo, podrán enfocarse en el propio argumento de la historia.

La mejor opción es dejar de lado los aparatos electrónicos para que los niños puedan adentrarse en la lectura. Además, se recomienda jugar con las voces de los personajes que para que el relato resulte único e inolvidable.

• Disfrutar la música: aprendiendo a tocar un instrumento o bien yendo a escuchar un concierto o recital en familia

Diversos estudios han demostrado que la música mejora nuestro bienestar tanto físico como emocional al hacerle frente a los comportamientos nerviosos o agresivos. Esto sucede ya que el cerebro segrega dopamina, el neuro transmisor relacionado a los sentimientos de alegría, felicidad y emoción. La música reduce los niveles de cortisol, la hormona producida por el estrés.

Sumado a eso, la enseñanza musical aumenta el coeficiente intelectual y ayuda a mantener la lucidez a medida que va avanzando la edad.

Asistir a un concierto, aprender a tocar un instrumento, hacer karaoke o simplemente escuchar música desde el celular ayuda son algunas de las diversas actividades que proponen los especialistas.

• Hacer ejercicio: La actividad física suele estar asociada al descenso de peso, a una obligación. Sin embargo, este tipo de ejercicios potencian el autoestima y permiten aprender a relacionarse con los pares.

No es necesario inscribir a los niños en algún club o que practiquen un deporte en particular, sino que se pueden implemetar diversas opciones como bajarse antes del colectivo para caminar un poco más por la calle, o salir a andar en bicicleta en lugar de salir al cine o al shopping.

Aprender a cocinar: una inversión al futuro.
Aprender a preparar comida sana y tradicional permite incorporar conocimientos sobre la alimentación y el cuidado de la salud. Además, es un aprendizaje funcional al futuro adulto de los chicos, cuando se tengan que ir de viaje o a vivir solos, tendrán una buena alimentación generada por ellos mismos.

Enseñar recetas tradicionales de la familia, cocinar en grupo y aprender sobre la composición de los alimentos son algunas de las opciones.

La implementación de estas propuestas permitirá que estas semanas de descanso se conviertan en nuevos y entretenidos momentos de aprendizaje.