Un sistema educativo de calidad, además de brindar aprendizajes que servirán de preparación a futuro, debe otorgar las mismas oportunidades a todas las personas.

Por eso es necesario asegurar que sea inclusivo y contar con los recursos para desarrollar todo su potencial, independientemente del contexto social en el que puedan encontrarse.

Asegurar la diversidad y una educación inclusiva de calidad es uno de los temas centrales con los que la Unesco viene trabajando, en su programa Agenda Mundial Educación 2030. En este marco, desde el organismo sostienen que “un sistema educativo es de calidad cuando presta atención a los grupos marginados y vulnerables, y procura desarrollar su potencial”, asentando las bases sobre la importancia de que la educación en todo el mundo sea inclusiva. Desde la Unesco subrayan especialmente la necesidad de eliminar cualquier disparidad de género y asegurar el acceso igualitario a todos los niveles de enseñanza, focalizando en aquellas personas que se encuentran en contextos desfavorables o provengan de sectores postergados.

Si bien es un tema que lleva años en debate, existe una pregunta que todavía hay que responder para tener claro cómo llevar adelante este proceso. ¿Cómo se puede lograr una educación inclusiva y traspasar paradigmas sociales y culturales históricos que pueden obstaculizarlo? Hugo Martínez, Director Pedagógico de Colegium, compañía de plataformas y apps para la educación, sugiere cinco formas ideales para promover e impulsar la diversidad y educación inclusiva en el aula:

1.-Incentivar el respeto: El respeto en las aulas se impulsa a partir de potenciar cualquier diferencia, ya sea de cultura, de lengua, de costumbres, de género o de discapacidades. De esta forma, el profesor inculcará una convivencia saludable entre todos los estudiantes, evitando prejuicios y estereotipos. Algunas metodologías efectivas que el profesor puede proponer son juegos y ejercicios que permitan incluir cada una de las características de los estudiantes, promoviendo una participación más responsable y, al mismo tiempo, potencializando los valores y las características inherentes de cada persona.
2.-Promover un ambiente saludable en el aula: Un contexto positivo puede tener un efecto favorable en los estudiantes, quienes se sentirán más motivados y con una mejor predisposición hacia el aprendizaje. Es importante hacerlos sentir bienvenidos a clase, sin importar la diversidad de personalidades; esto incrementará su sentido de pertenencia y, por consiguiente, el ambiente y la convivencia serán más saludables entre profesores y alumnos.
3.-Transmitir y fomentar la confianza en cada uno de los estudiantes: Queda claro que cada persona es diferente, ya sea en sus creencias, valores, cultura o preferencias. Por eso es muy importante promover la confianza entre los estudiantes, ya que mejora las competencias de cada uno, fortalece su autoestima y permite incrementar las habilidades de expresión, seguridad y confianza, logrando personas respetuosas, tolerantes y empáticas con la sociedad.
4.- Invitar a los estudiantes a generar actividades sociales y culturales: De esta forma, los estudiantes tendrán una integración positiva mediante el trabajo en equipo y el desarrollo personal. Al conocerse como compañeros de trabajo, donde cada uno se destaca por las aptitudes y facilidades que tiene, los alumnos desarrollarán más la tolerancia y aceptación de las diferencias entre ellos.
5.- Aprovechar cada momento para educar: Al igual que en muchas ramas académicas y formativas, la tecnología empieza a sumarse al listado de recursos para cualquier profesor. Además de las formas tradicionales, adoptar herramientas digitales educativas, que permitan la automatización o la simplificación de determinadas tareas, ya sean administrativas o académicas, favorece a la formación del aula como un espacio educativo de participación inclusiva y sana porque liberta el tiempo que los docentes utilizan para tareas más burocráticas, en pos de utilizarlo para pensar debates y reflexiones pendientes.

“Al igual que en muchos aspectos de nuestra sociedad, la educación está atravesando una etapa de cambios, donde es clave la formación de personas íntegras, respetuosas y tolerantes. Y para asegurar esto en el futuro, el rol de los educadores es fundamental porque somos los que debemos facilitar que sea realmente posible. La tecnología nos permite contar con más tiempo para educar y esto es lo que venimos promoviendo desde Colegium”, concluye Hugo Martínez.