El Ballet Folklórico Nacional y la Compañía Nacional de Danza Contemporánea son símbolos culturales vitales del Estado Nacional Argentino.

Que por su excelencia y la jerarquía institucional, llevan siempre el rol de embajadores culturales del País. Pertenecer a estos organismos, exige a todos y cada uno de sus integrantes, destreza técnica, flexibilidad, versatilidad, capacidad personal, artística y profesional.

La vida profesional útil de un bailarín tiene un promedio más bajo que el de cualquier otro tipo de actividad laboral, debido al esfuerzo que la actividad de la danza le demanda al bailarín profesional.

Hoy, los bailarines dependientes del Ministerio de Cultura de La Nación, no tienen un régimen jubilatorio que contemple la peculiaridad de su actividad profesional. Existiendo un vacío legislativo respecto del personal artístico que se desempeña en estos cuerpos de baile en jurisdicción nacional.

El objeto de los regímenes diferenciales es la adecuación de la cobertura de la vejez a diversas situaciones a las que está expuesto el trabajador durante su vida laboral.

Dentro de las actividades que implican riesgo y agotamiento o vejez prematura se destaca la del bailarín, de una compañía de baile, en donde el cuerpo mismo es el principal instrumento de trabajo.

El Estado tiene la obligación de otorgar los beneficios de la seguridad social, con carácter integral e irrenunciable (art. 14 bis de la Constitución Nacional). Quiere decir que estamos ante el compromiso ineludible, de los poderes públicos, de otorgar dichos beneficios a todas las personas, garantizando que todas las contingencias previsionales estén cubiertas.