La pandemia nos ha llevado, desde hace más de un año, a transitar un contexto educativo de grandes dudas y preocupaciones para de padres, autoridades, docentes y estudiantes por igual. Sin embargo, como dice el filósofo Edgar Morin, debemos «aprender a enfrentar la incertidumbre puesto que vivimos en una época cambiante».

Las familias advierten con gran temor las posibilidades educativas frente a los encuentros virtuales y jornadas reducidas. Y se interrogan sobre la mejor manera de acompañar el aprendizaje de sus hijas e hijos. Ahora bien, como paso inicial, debemos aceptar que esa educación formal y lineal, que a veces hasta podemos añorar, tampoco ha sido garantía de aprendizaje.

Una metodología extendida, que trabaja sobre el estudiante, es el Coaching Educativo, se aboca en potenciar las capacidades individuales, en vez de replicar instancias comunes y generales, y se centra en los procesos de aprendizaje, ayudando a encontrar estrategias propias a cada persona que le permitan aprender.

El Coaching Educativo también brinda herramientas para superar las limitaciones. Permite un aprendizaje arraigado en la vivencia de relevancia significativa, evitando la repetición, bajo el seguimiento de un Coach (el docente), que acompaña ese proceso. Ante una situación de malestar, se centra en mejorar la situación para encontrar la solución.

Cuántas veces partimos de creencias que resultan limitantes per se: “no soy bueno para matemáticas”, “soy un desastre para estudiar”, “mi hermana es más inteligente”, son algunas frases comunes que podemos escuchar en los hogares. Sin embargo, cuando nos detenemos, y descubrimos que somos capaces de cambiar aquello que nos resulta negado, estamos abriendo la puerta a la posibilidad de superar obstáculos autoimpuestos.

La gran pregunta para las familias hoy en día es: ¿cómo acompañamos un proceso de aprendizaje?. Debemos empezar por aceptar que no se aprende por imposición, por transmisión de conocimiento o información. Aprender es un proceso que lleva tiempo, no se adquiere de un día para el otro.

Podemos comenzar a preguntarnos qué opinión tengo sobre el aprendizaje de mis hijos, qué les digo ante una situación de aprendizaje que lleva más tiempo del esperado, y realizar una introspección sobre la posibilidad que las expectativas propias interfieran con el proceso, imponiendo lo que uno cree que debe suceder, y no lo que efectivamente debe promover, el proceso particular de cada niño. En este caso, se partiría de la frustración, ya que las experiencias educativas propias poco tienen que ver con las vividas por sus hijos.

Cómo puedo generar un espacio de aprendizaje para mis hijos:

  • Validando la emoción que está presente al momento de aprender.
  • Fijar un objetivo claro, permitirá saber qué quiero aprender.
  • Priorizando, comenzar desde lo más simple a lo más complejo.
  • Alternar con períodos de descanso.
  • Animar a nuestras hijas e hijos a pedir ayuda.
  • Centrarnos en lo que sale bien, así encontraremos estrategias para situaciones de aprendizaje que demandarían más tiempo.

Asimismo, la comunicación de las familias al momento de aprender es muy importante, un modelo de comunicación que puede ayudarnos requiere ciertos pasos:

  • Nombrar la situación de malestar. Cómo me siento cuando no quieres realizar las tareas. Aquí es importante nombrar la emoción, y lo que yo como mamá o papa siento ante esta situación.
  • Poner en palabras, contextualizar la situación tiene un efecto ya que cuando comunico cómo me siento, el otro puede comprender la situación y por qué actúo de determinada manera.

El coaching educativo tiene múltiples beneficios, además de fortalecer el vínculo intrafamiliar, permite observar cómo aprendemos, descubriendo esto podemos saber qué necesitamos para aprender, tanto el niño como su familia.

Por Lic. Susana Kunzi, asesora educativa y creadora de Ayudar a Aprender.