Coque Tornado es el pseudónimo que eligió Jorge para recopilar todas sus canciones y lanzar aquel disco en el 2018 de 24 años de éxitos. Desde el año 2000, había formado parte de varios grupos de indiepop y quería cerrar el círculo liberando al planeta aquellas míticas canciones que compuso a lo largo de todos esos años. Andaban criando bytes en discos duros, una cinta de casete y un disquete de 1997…

La escusa fue un videoclip, quería rodar algo, y compuso la bonita canción The Inner Light. Es decir, el proceso fue a la inversa. Jorge estuvo estudiando para ser actor y una vez en el mundillo volvió a ser músico. “Es tan fácil hacer canciones…”, argumentaba.

En verdad es muy sencillo hacer una canción. Desde cero. Sabiendo cantar, escribir, tocar varios instrumentos y producción musical, claro. Pero hasta que consigues todo eso pues pasan años, lustros, autobuses y primaveras. Y mucha música. Quizá no lo sepáis, pero Coque está escribiendo en tercera persona. También hizo la website. Hay un libro de Bill Evans esperando a ser aprendido. Pero antes, quería repartir pop. El pop es felicidad. O eso quería pensar. En el fondo es canción de autor alternativa, porque el pop es el mundillo de la música comercial, con la que se comercia, con la que se anega.

Sin discográfica, sin nadie que le ayude a hacer márketing, es un proyecto que no lo conocen ni en su ciudad. “Grata sorpresa” decían el otro día en un festival en el que tocaba cerca de Toledo. No os imagináis lo difícil que es estar, ser, en la música. No os lo podéis ni imaginar. Pero más difícil es conseguir hacer canciones que apetezca escuchar una y otra vez. Como todas aquellas que estuvieron antes. Y aunque hablasen de cualquier tontería sin importancia, las tarareabas. A veces contaban algo bonito. A veces eran poemas escritos con pluma de oro de autor inspirado. A veces producto de la mercadotecnia. Al final somos eso, personas, humanos y la inmensa mayoría de todo lo que hay ahí afuera es bonito pero sencillo, muy sencillo. Y entre tanta sencillez, nos quedamos en nuestra tribu: los poperos, los roqueros, los jebis, los reguetoneros, los bacalas, los beatnicks, los punkis, los emo, los jazzeros, los que no escuchan nada, los del rock de litrona, los tecno-poperos, los amantes de la clásica, la gente que sólo escucha música espiritual, los grindcore, los k-poperos, los hyperpoperos, los indies de palo, los indies que buscan música indie de verdad, los de la música de cantautor, los que aman el sonido jangle, o el noise, o el krautrock, o el progresivo, o el postpunk, los que escuchan música de beats y loops, los de la música en idiomas extraños, los hiphoperos, los funkeros, los bachateros, los saleros, los amantes de la punta hondureña, los que degustan lo-fi, los que gustan del punk pop, los sixties, los ochenteros, los que flipan con el sonido celta de gaitas y tamboriles, los que escuchan pasodobles y zarzuelas, los copleros, los del cuplé… y los de la música comercial, claro. Que es la que toca en este momento.

Hay tanto por descubrir en el hotel de la música que al final dentro de una planta, la de tu tribu, te mueves mejor, te pierdes menos. Yo con este proyecto popindie quise estar ahí, con todos esos proyectos que orbitan alrededor del pop alternativo que me hicieron click en el kokoro musical.

Vuelvo a la tercera persona, que hay que ser profesionales en todo esto. Siempre les escriben otros. Queda mejor que te lo haga alguien. Es más profesional. Siempre profesional.

Coque Tornado ha llegado para quedarse. Un 15 de diciembre de aquel nostálgico 2019 se armó de valor y alquiló un local de ensayo porque sus vecinos no le permitían ni un acorde. Había conseguido una pequeña beca en un concurso de musica pop. Una vez allí, como tenía que justificarla, rodeado de frío invernal y niebla mística bajo miríadas de estrellas compuso siete canciones (para qué, electricidad, un día sin ti, píxel en tu ombligo, la respuesta…). En julio del 2020 encontró a instrumentistas para montar los bolos (Félix y Ricardo). Tras 2 álbumes, varios Eps y sencillos está preparando el que será su tercer trabajo, profundamente escondido para que nadie lo pueda escuchar. De eso se trata. El buen músico esconde sus canciones. “Es que son muy malas”. Ni tiene gracia. Todo mediocre, sin gracia, ni chispa, ni canciones buenas. Es un completo desastre. Así no puede continuar. Pero una vez enciende la tele a las 5 de la mañana y escucha videoclips y directos de otros proyectos se da cuenta de que sí que merece la pena todo esto. “Estoy componiendo canciones buenas, copón”, pensó. Así que muy digno, aunque sin tiempo, proseguirá con su último – quizás – trabajo. Porque en este futuro distópico nunca se sabe qué nos va a pasar.