Ahí estaba, frente a mí, cuchillo en mano. Mis ojos fijos, mi mente susurrando plegarias y la extraña sensación de conocer cómo atraviesa limpiamente. En mis oídos el eco de aquello que fluye…

Experimenté el temblor y la sudoración de aquel momento en 10 o 30 segundos. Fue la alucinación más real. Un falso recuerdo de algo que en pocas palabras no pasó. Es un sucio juego mental: despertar con la intención de vivir por primera vez un pasado ya vivido, que resurge de nuevo.