Inspirados por el colapso sistémico que estamos viviendo, el dúo Pixel de Stael presenta hoy su álbum debut “Nuevo Futurismo”, título con el que ironizan sobre el futurismo defectuoso propio del siglo XXI.

Un disco post-digital de electrónica glitch pop que emana de la tensión entre la tecnología invasiva y la ansiedad vital de sus usuarios.

«Imagine que pudiera componer su propia música. Imagine su cerebro conectado a un ordenador, dictando notas según su estado de humor, algoritmos ordenando sensaciones para la melancolía y la alegría, durante el ocio o trabajando. Imagine una banda sonora que le aísle del mundo o le haga popular en las redes. Música de bolsillo y de etiqueta. Escoja una canción y abra una ventana. Imagine un viaje del pasado al futuro.

Con un dispositivo susurrándole al oído. Una voz sensual aunque tartamudeante debido a fallos puntuales del procesador o de la conexión a internet: ¿Que desea hoy? ¿Un híbrido entre Joan Ma-Manuel Serrat, chanson française, algo de Ba-Bach, música concreta y una pizca de Kraftwerk? ¿Un punto ciego donde converjan romanticismo y hu-humanismo? Demasiado suave… ¿es eso? No se enfade. ¿Prefiere algo de locura? ¿Qué tal si le ponemos un poco de po-post-punk? Lo noto triste… Se puede bailar y llorar. Sé que le gusta el chiptune. Y el techno. Tra-Tranquilo. Bailar llorando no tiene nada de malo. ¿O preferiría disfrutar de una película clásica?”

Nuevo Futurismo es un cruce de caminos. Clásico y moderno prensado por herencia artística. Antes de publicar han hecho el trabajo y la lista de influencias va de Beck a Battiato, de Eno a Moby pasando por Pierre Shaeffer, Mark Mothersbaugh, The Art Of Noise o artistas más recientes, como Cornelius o Superorganism. Profundidad, sagacidad, descaro. Talento. Entonces, la pista de baile y el último rincón de tu casa están condenados a entenderse. Porque a la primera escucha suenan familiares. Quizás por su propuesta sincera vestida de programador o de asceta moderno.

No importa el origen ni la condición social, el ritmo también nos persigue desde las cavernas. Están las letras de las canciones que disparan alto para que duelan. Luego, las melodías que funcionan entre el vientre y la cintura. No hay más secreto en esto. Funcionan con la alquimia de la técnica actual que emula lo dulce para que lo amargo entre como la seda. Sinceros, irónicos, maleables, criban la hiperinformación para que parezca un juego.

Cada canción es un error controlado, un glitch destinado a encallarse en el cerebro, porque cuando acaba continúa sonando en tu cabeza. Ritmo y melodía han hecho su faena y te han dejado en la boca el mensaje destinado. Pixel 0 y Pixel 1, componentes de Pixel de Stael, han atravesado la frontera y ahora están entre nosotros. Frescos, mordaces, políglotas como la música. Electrones libres buscando derrotar al sistema con las armas del enemigo. (Texto de Tuli Márquez).