Impulsada por su reciente maternidad, y a medio camino entre el portugués, castellano y francés, la chelista, cantante y compositora brasileña reflexiona sobre la vida y valor de nuestro tiempo.

Su música escapa de etiquetas, pero combina elementos de world music, pop y música de cámara, cercana a propuestas como las de Agnes Obel, Lhasa o Joanna Newsom.

Como adelantos hemos podido escuchar los singles ‘Oiseau Savage’, ‘Todo tiene su fin’ y ‘Quién podrá saberlo’, donde colabora con ella Julieta Venegas.

Dom La Nena actuará el 7 de agosto en el festival SoNna Huesca, al pie del milenario árbol La Carrasca de Lecina.

El nuevo álbum de Dom La Nena, Tempo, trata sobre el tiempo. Y no es que demande mucho del tuyo: la mayoría de las canciones apenas superan los 3 minutos. Pero la cantautora y violonchelista nacida en Brasil y residente en París ha creado una serie de pequeños momentos cristalinos, a veces soleados, generalmente oníricos y ocasionalmente enlazados con la hermosa nostalgia que los brasileños llaman saudade.

Tempo es el tercer álbum de Dom La Nena tras Ela (2013) y Soyo (2015), ambos aclamados por prestigiosos medios internacionales como The New Yorker (“Cada una de sus canciones son sagradas”), NPR (“una de las jóvenes artistas más importantes de América Latina”) o The New York Times, que la compara con artistas como Juana Molina, Lhasa o Hope Sandoval.

Dom La Nena es una artista con estilo ecléctico y multilingüe que es difícil de definir pero fácil que te guste. A lo largo de los años ha colaborado con diversos artistas como Jane Birkin, Jeanne Moreau o el brasileño Marcelo Camelo (de la banda Los Hermanos), entre otros. También ha creado el proyecto Birds on a Wire junto a la cantante franco-norteamericana Rosemary Standley. Juntas, reinterpretan un repertorio que va de Purcell a Leonard Cohen, pasando por Gilberto Gil, Violeta Parra o cantos tradicionales catalanes. Han hecho dos álbumes (Birds on a Wire en 2014 y Ramages en 2020) de gran éxito en Francia, donde llevan casi 10 años subiéndose a los escenarios.

Con su combinación de pop, world music y música de cámara, puede que escuches Tempo como una respuesta a, o como una pausa de los tiempos difíciles. Y estarías en lo correcto, aunque Dom dice que eso no fue intencional: “La composición para mí no es algo realmente controlado. Es muy inconsciente, muy intuitivo. Todo lo que vivo en el cotidiano es inspiración y se refleja en mi música. Soy madre desde hace poco y eso ha generado en mí muchas reflexiones sobre la vida, sobre el valor de nuestro tiempo. Por consiguiente, son temas que están muy presentes en el disco: el nacimiento, la vida, el envejecimiento y, por fin, la muerte”.

También puede que escuches en Tempo un lujoso tapiz de sintetizadores, cuerdas y percusiones. Esta vez, te estarías equivocando. En un notable despliegue de habilidad en cuanto a arreglos y orquestación, Dom La Nena creó ella misma todos los sonidos del álbum, usando capas de su voz, su violonchelo y algunas partes de piano. Hasta los sonidos de percusión fueron creados en el chelo. “Mi intención en este álbum fue explorar nuevas formas de usar mi instrumento”, dice; “mi idea era llevarlo por caminos nuevos, explorando sonoridades del violonchelo que se alejan de las que conocemos habitualmente”.

El álbum comienza con la pieza que le da título. ‘Tempo’ reconoce las raíces barrocas del chelo y las une a la voz pura de Dom. “En este disco, por primera vez, tuve ganas de componer música instrumental. De la misma manera que traté de explorar nuevos caminos con el chelo, también quise aventurarme en un género musical distinto al que hago habitualmente”.

En las letras encontramos nuevamente su receta personal: una mezcla híbrida de portugués, castellano y francés. “La música demanda coherencia entre los sonidos, las palabras y los ritmos específicos de cada lenguaje”, explica Dom. “Podría decir que no soy yo la que elige en qué idioma escribo las canciones, sino que la música lo decide por ella misma”.

Un álbum sobre el tiempo podría ser una misión imposible, pero Dom La Nena lo ha logrado, atrapando en el tiempo momentos específicos en muchas de sus nuevas canciones. Uno de los más destacados es la conjunción de la instrumentación de ‘Esperando el Alma’ y ‘Teu Coração’, donde se escucha el corazón de su hija cuando la autora todavía estaba embarazada.

Dom siempre ha sido una productora talentosa. La elegancia de las texturas instrumentales de este nuevo álbum nos descubre a una maestra que conduce a su orquesta de manera magistral. A pesar de una instrumentación minimalista, crea un amplio espectro de sonidos: el alegre ‘Oiseau Sauvage’ con su cadencia vocal; el vals de violonchelos arqueados y pulsados de ‘Valsa’, que nos llevan a algún lugar de Europa del Este; o el uptempo, pero igualmente relajante, de ‘Vejo Passar’. En la muy pop ‘Quien Podrá Saberlo’ podemos escucharla junto a la icónica Julieta Venegas. “Julieta es para mí una inspiración como mujer, cantante y compositora. Nos conocimos hace algunos años, cuando estaba de gira con mi álbum Soyo. Me vino a ver a un concierto que hice en Buenos Aires y casi se me para el corazón cuando la vi en la sala. Luego hicimos algunos shows juntas en España, nos hicimos amigas y el hecho de que haya aceptado mi invitación para cantar una canción mía es un honor y una alegría enorme”, cuenta Dom.

Por otra parte, armonías vocales colorean ‘Doux De Rêver’, una canción sobre envejecer. Y el sutil juego de arreglos da soporte a las múltiples voces de Dom La Nena en la pieza que cierra el álbum, ‘Milonga’, la cual describe como una composición sobre “la muerte y la transición”. En un disco que trata todo lo que tiene que ver con momentos en el tiempo, ninguno de éstos permanece más de lo necesario.

El conjunto de la obra ha sido mezclado con maestría por el norteamericano Noah Georgeson, productor y mixer de artistas como Devendra Banhart, Rodrigo Amarante o Natalia Lafourcade.

Tempo marca el retorno de una artista peculiar e inusual. Ya era hora.