Webster estaba muy poseído por la muerte Y veía el cráneo bajo la piel; Y criaturas sin respiración bajo el suelo Inclinadas hacia atrás con una mueca sin labios. — T. S. Eliot, “Susurros de Inmortalidad.”

La Sonrisa de Los Huesos es el segundo disco de Envidia, proyecto solista del músico y escritor Marcelo Moreyra.

Las nuevas canciones que forman el disco son poemas que Moreyra convirtió en canciones cuando la pandemia obligó a su banda, Mujercitas Terror, a tomarse un descanso obligatorio entre sus giras y recitales. Como T. S. Eliot Moreyra ve el mundo con su ojo mágico, tomando situaciones cotidianas (encuentros fallidos, veranos que no volverán) para luego narrarlas con su peculiar sentido del humor.

“Lo que había hoy no alcanzó,” canta en “Siempre lo mismo,” el primer track del disco, que grabó “en las silenciosas tardes de la cuarentena estricta.” En menos de quince minutos, Moreyra describe las calles lluviosas de su memoria, en la que personajes siniestros se mezclan con melodías folk y algo de blues.

Como Tanguito en su disco perdido del ‘67, Moreyra labra una atmósfera sonora en la que su guitarra rasguea, solemne y puntual: más cercana a las canciones de Carter Family que a los riffs garageros de Mujercitas Terror. En las seis canciones de La Sonrisa de Los Huesos se escuchan murmullos, maldiciones y plegarias de una Buenos Aires que espera, como un cementerio vibrante, a que pase algo. Moreyra tomó ese silencio y lo convirtió en algo mejor: seis historias que como un espejismo, nos llevan a un lugar mejor. Texto: María Barrios.