Una actriz-dj nos llevará por un viaje poético, musical y electrónico, que nos permitirá escuchar la voz de una mujer en situación de trata.

Un espectáculo performático-musical basado en la nouvelle Le viste la cara a dios de Gabriela Cabezón Cámara, con dirección de Victoria Roland y la actuación de Carla Crespo.

Desdoblándose para poder hablarse, Dj Beya intentará desentrañar los mecanismos para sobrevivir en un oscuro puticlub de Lanús, antro contemporáneo de la violencia machista. Una mujer se observa carne y se delira santa. Una mujer se escinde para volverse epifanía. Una mujer se transforma en Houdini o en un Kill Bill del conurbano, en clave de acto psico-performático de sublevación.

BEYA DURMIENTE (Dj Beya)
Estreno domingo 25 de agosto, 18 Hs
Xirgu UNTREF. Chacabuco 875. San Telmo.
Entradas anticipadas en Plateanet.
Para mayores de 18 años

Actriz: Carla Crespo
Coach musical y colaboración artística: Bárbara Togander
Dirección de arte y diseño de escenografía: Julieta Potenze
Realización de escenografía: Ariel Vaccaro
Diseño de iluminación: José A. Binetti
Diseño de vestuario: Gerónimo Lagos Agüero
Realización de vestuario: Leonardo Colonna y Jessica Vanina Bellomo
Fotografía: Nora Lezano
Asistente de dirección: Sofía Costantino
Dirección: Victoria Roland

“Oh, poderoso San Jorge, oh guerrero noble y bueno, dale una mano a tu sierva y ganame esta batalla. Defensor de las causas justas, matador del dragón rojo, dame tu espada implacable, mandame diez mil soldados y aplastá a mis enemigos que son fuerza de Satán. Oh, luchador del bien, que sea el brillo de tu espada la luz que corte lo oscuro del putibclub de Lanús. General de mil batallas, ahora te estoy invocando. Hasta la victoria siempre. Amén.” Fragmento de Le viste la cara a Dios

SOBRE LA PROPUESTA ESCÉNICA
Gabriela Cabezón Cámara escribe esta nouvelle a partir del encargo de una editorial independiente, con la consigna de re-versionar cuentos clásicos infantiles. Le proponen trabajar sobre “La bella durmiente” y a partir de la imagen de una mujer que se encuentra durante todo el relato en una cama, sin tener voluntad ni soberanía sobre sí misma, es que Gabriela imagina una mujer en situación de trata. “La bella durmiente” de Gabriela es casi como una zombie en vida, que se ve a sí misma desdoblada o dislocada en esta situación de tortura y secuestro. Durante todo el relato, Beya es violada, drogada y golpeada en un burdel del conurbano. El texto está escrito en una segunda persona que sobrevuela todo lo que ve, y que parece hablarse a sí misma desde otro plano. La segunda persona del texto marca la distancia entre una visión poética y un cuerpo, entre un alma que quiere huir y un cuerpo que sólo puede servir como objeto de uso y descarte. Es desde esta voz omnipresente, que seremos testigos de las visiones místicas-religiosas de Beya, y también de la construcción de su odio y de la concreción de su venganza. “Le viste la cara a dios” es un acto de supervivencia poética o una dislocación delirante, para darle voz a un cuerpo femenino vuelto materia de desecho; y para trascender de este modo la elocuencia de la crueldad machista. En el contexto de la literatura argentina contemporánea, el texto de Gabriela tiene el sello de su estilo inconfundible. Además de la densidad poética de su propuesta literaria, que combina de manera singular lo culto, lo mítico y lo popular, este texto propone como novedad, no sólo el despliegue de una voz, sino el hecho mismo de su aparición.
Nuestra adaptación escénica desea intensificar la potencia performática y musical de las palabras que, en “Le viste la cara a Dios”, permite ponerle voz a un cuerpo ausente, invisibilizado, excluido, lacerado y descartado en la basura; el de las mujeres víctimas de uno de los fenómenos más crueles de la violencia machista: la trata de personas. Religión plebeya, poesía como estrategia de supervivencia, grito deforme como restitución de una voz silenciada a golpes, sublevación feminista en clave comic. BEYA DURMIENTE (Dj Beya) se propone restituir esa voz, hacerla presente, darle escenario y permitirle presentar batalla. La voz de la actriz y sus intervenciones musicales como Dj Beya, se volverán así, máquina poética, performática y musical, canal de una herida y una tensión entre lo inmaterial y la carne, grito de epifanía y resurrección.