«Los Edificios Que Se Derrumban» cuyos andamiajes nos remiten a una doble estructura: la interior y la exterior.

La Mundial se derribó con las primeras luces de la mañana de un domingo, la hora de los borrachos y de los cobardes. El edificio decimonónico aguantó siete horas contra la máquina que finalmente lo convirtió en escombros el 31 de marzo de 2019. El paisaje del margen derecho del Guadalmedina cambió entonces para siempre en la ciudad mutante, Málaga. Al otro lado del río sigue estando La Trinidad, barrio de largo abolengo al que le tocó la parte chunga, parafraseando a Tabletom.

Apenas un mes antes de la demolición, Sixto había regresado de su Erasmus, una estancia en Praga que devino en el ocaso definitivo de la postadolescencia que ya se anunciaba en «The Last Teenage Party» (2018), hasta la fecha el único LP de The Loud Residents, grupo paralelo de Sixto, Carlos y Jorge. Los tres miembros de La Trinidad ahora publican, de la mano de Sonido Muchacho, «Los Edificios Que Se Derrumban», este Viernes 30 de Octubre su primer disco largo tras dos EPs, «El Peligro» (2018) y «Nuevas Dignidades» (Sonido Muchacho, 2019).

El hormigón de este edificio está revestido por la Trilogía de Berlín de David Bowie, así como por influencias del synth-pop yugoslavo y alemán (de hecho, el propio título del disco es una traducción del nombre de la banda berlinesa (Einstürzende Neubauten), pero los pilares sin duda son The Clash, Ilegales, Nacha Pop y The Smiths. Sobre ellos se apoyan otros sonidos e influencias.

Hay espacio para el post- punk e incluso para el spoken-word, influenciado por John Cooper Clarke o 713avo Amor. Lo que se halla tras los muros es una pulsión romántica marcada por la muerte joven («Ruinas», «Las Flores De Mateo», «Te Espero En El Moldava»), la citada experiencia en centroeuropa y en el este («Miel Y Sangre», «Los Niños De La Estación Del Zoo») y una mirada a un inseparable atrás, al otro lado: a quien espera («Sensación Extraña»), a la adolescencia («La Mundial», «Todos Los Rumores Eran Ciertos») y al «Problema de España», que en La Trinidad ocupa por derecho y preocupación un tema en sí mismo, al más puro estilo «noventayochista», no sin cierta ironía («España Invertebrada», «La Clase Media»).