Habitamos un solo planeta… ¿Lo vivimos de la misma manera? Nuestro planeta es único… Cuidamos igual de él? El planeta Tierra nos alberga y en nosotros está la responsabilidad de cumplir, de aportar, de nutrir.

Un intercambio, un dar y recibir. O, mejor dicho, recibir y ser conscientes de qué estamos dando…

La Maternidad es un Mundo en sí, conlleva vivencias, interacciones, elecciones y decisiones. Mi planeta interior tuvo un notable giro al convertirme en madre. La decisión de alimentar con leche propia, casi poco informada, fue puesta en juego sobre eso, y debo admitir que, con buen andar a base de simplemente dejar fluir, dejar hablar a mi cuerpo, más bien dar lugar al diálogo entre ambos cuerpos, el propio y el de la nueva vida recientemente nacida, Mamá – Bebé en contacto…Porque amamantar es un modo de comunicación, un sano intercambio. Sin saberlo, el beneficio no era solo íntimo, aportaba ecológicamente, vivía en mí oro líquido, emanaban de mí aires de calma y bienestar.

Todo eso que sentí y descubrí en la experiencia misma de ser Mamá Lactante, encontró respuesta al comenzar mi camino preparatorio a ser puericultora en la Acadp, espacio que sin dudas es hoy un submundo dentro de mi mundo interior. Encontré que todas esas percepciones personales respecto a la Lactancia tenían fundamento científico y evidenciado.

Durante el amamantamiento se segrega oxitocina en altas dosis, ésta es la llamada hormona del amor ya que se vincula con comportamientos amorosos e induce sensaciones de bienestar y placer. Me gusta pensar que la oxitocina tiene el poder de anular los Tóxicos que afectan al ambiente, la hormona del amor fagocita lo nocivo, en un juego de letras donde la OXITOCina se «come» al tóxico reordenando en su interior esas mismas letras que ambas palabras comparten. Qué grato se vuelve pensar que apoyar la Lactancia Materna es una forma de modelar el mundo, de cuidar el ambiente (más allá del medio ambiente también), una forma de aportar al aire que respiramos modos amorosos y estados personales más tolerantes, que redundan en relaciones sociales menos tóxicas y más saludables.Un Mundo más limpio en todo sentido.

Por otra parte, la Leche Materna es ofrecida en su envase original, directa al «consumidor» en sus más óptimas condiciones, a temperatura ideal sin incurrir en gastos energéticos adicionales. Protege el medio ambiente evitando procesos industriales relacionados con la fabricación de recipientes y etiquetas y ahorrando años de degradación de material artificial. Su “envase” no es plástico ni cartón, no lleva letras chicas… Es el mejor recipiente que puede tener el alimento genuino de la especie humana y es en sí un estímulo saludable para el lactante: El cuerpo materno es el hábitat natural del recién nacido, el lugar donde debe estar el bebé para poner en marcha sus reflejos innatos, el lugar en donde contacta con el olor y el calor de su madre, estímulos placenteros, donde siente seguridad y recibe protección inmunológica, física y contra el estrés, además de nutrición. El cuerpo materno es el envase más noble y cálido que se pueda pretender, un recipiente vivo, con aromas esenciales, temperatura ideal y de material auténtico. Por tanto, mucho más y lejos de un envase artificial: Un Continente en sí mismo, parte esencial en un planeta que nos involucra, el mejor continente posible para el alimento específico del ser humano, sin necesidad de tener que leer letras chicas, porque todo lo que viene de mamá, se habla en MAYÚSCULAS.

Por Mariela Said es Lic. en Cs. de la Educación, Puericultora y Docente de la ACADP