Asentada en Barcelona, la editorial independiente Minúscula pisó suelo argentino hace un tiempo. Y desde la Ciudad Condal, como le gusta ser denominada, llegó hace un tiempo ya para quedarse en este punto geográfico que la vincula histórica y lingüísticamente.

Desde 1999 hasta el día de hoy, Minúscula se ha destacado por su estética y evidente intención de recurrir a la literatura de vanguardia y viejos clásicos que no descansan.

Despojados de cromatismos que molesten, estos pequeños grandes libros dan muestra de un interés cosmopolita, multicultural y se pasean entre narrativa y ensayo de la mano de una edición curada y pensada para el lector exigente.

Claro que dentro de cada colección encontraremos una novedad en su estética, como Tour de force, Alexanderplatz o Micra, por nombrar unas pocas donde cada personalidad está delineada distintivamente.

Así es, Minúscula vino hace un rato ya a nuestro país y desde que apostaron a la impresión local, ya la sentimos un poco nuestra.