El rock psicodélico de The Zephyr Bones se expande en un segundo álbum certero y decidido. Un trabajo cálido y accesible que habla de amor, autoafirmación, pérdida y esperanza.

Cuando The Zephyr Bones irrumpieron en la escena, lo hicieron arrollando. En aquel momento, su música nos sacudió como lo hace una ola en la orilla de la playa: nos pilló por sorpresa, fue de lo más refrescante y nos dejó con ganas de repetir. Pertinentemente, bautizaron su estilo como “beach wave”. Todo aquel empuje cristalizó en un primer disco titulado «Secret Place», algo así como las coordenadas sonoras de un enclave soleado, donde suenan guitarras con reverb y melodías embriagadoras. No sabrías decir si has estado, pero es un lugar al que te apetece volver.

En «Neon Body» son la misma banda, pero distinta. Mantienen intacta la puntería melódica y la facilidad para facturar riffs sugerentes. Su capacidad evocadora sigue ahí: nunca acabas estos 10 cortes en el mismo lugar en el que pulsaste play.

Decir The Zephyr Bones es decir libertad pura. Y aún así, en este segundo álbum les conocemos de otra manera. Suenan más decididos, con una nueva intensidad.

El paisaje también ha cambiado, ahora el tono es crepuscular y en algunos temas hasta puedes intuir en tu piel el reflejo de la luz de neón a la que alude el título. Pero no nos despistemos, aquí lo importante es que haya canciones. Y vaya si las hay.

Decir The Zephyr Bones es decir libertad pura. Y aún así, en este segundo álbum les conocemos de otra manera. Suenan más decididos, con una nueva intensidad. El paisaje también ha cambiado, ahora el tono es crepuscular y en algunos temas hasta puedes intuir en tu piel el reflejo de la luz de neón a la que alude el título. Pero no nos despistemos, aquí lo importante es que haya canciones. Y vaya si las hay.

“No One”, el primer adelanto, es una excelente puerta de entrada al particular universo creado en «Neon Body». Adictiva e irresistible, incita tanto al contoneo como al canturreo. Win-win. “So High” es un arranque vertiginoso y trepidante. Para cuando llega “Verneda Lights”, segundo corte, uno ya está rendido a los pies de Brian Silva (voces, guitarra y sintetizadores), Jossip Tkalcic (guitarra y voces), Marc López (batería) y Carlos Ramos (bajo). “Sparks” brilla con luz propia: es un incendio controlado hasta que en el tramo final de la canción una chispa hace que todo vuelva a arder. En “Plastic Freedom” ya no hay contención que valga; es mejor entregarse a un nuevo riff infalible. “Velvet” es tan elegante como su título sugiere y “Rocksteady” vuelve a dar en el centro de la diana con un estribillo que es un dardo envenenado. “Neon Eyes” te eleva a golpe de coros celestiales y “Afterglow” te mantiene con los pies en la tierra. ¿La razón? Es difícil no echarse a bailar. Y en estas que llega “Celeste V”. Una canción que habla de la pérdida parece, desde luego, la más indicada para poner punto y final a la grabación. Con «Neon Body», The Zephyr Bones han hecho fácil lo difícil: el tan temido segundo disco los confirma como una de las bandas más singulares del panorama. Una pieza que completa un cancionero que destaca por su solidez y capacidad de emocionar, seducir y hacer bailar.