En tiempos de confinamiento (físico y también mental) la música se ha convertido en una de las pocas vías de escape ante una realidad gris, distópica, desesperanzadora.

Algo así debía rondar la cabeza de Marcos Crespo, un joven vallecano sin currículo conocido en otros proyectos musicales que, desde la soledad de su habitación, registró las cinco canciones que forman este EP de debut.

Depresión Sonora EP es un ejercicio de postpunk doméstico y do it yourself que traza una línea imaginaria desde los pioneros del género hasta nombres contemporáneos como Soft Moon o Molchat Doma.

Ya en el tema que abre el disco, Hasta que llegue la muerte, están presentes las ideas esenciales alrededor de las que orbita este trabajo: Vivo en bucle disociando mi alegría, Fumo en el baño pensando si estoy triste o feliz, Llevo semanas sin salir de casa, Tengo ganas de drogas, música y fiesta, y No volver a la cama.

Es una suerte de reinvención del autosuficiencia de parálisis permanente con un sutil matiz: aquí el encierro del protagonista se produce en contra su voluntad y sus consecuencias todavía están por ver. Aunque la canción que mejor refleja esa situación de aislamiento y de un tiempo que ha sido robado es Ya no hay verano, el hit más evidente del disco. En realidad el confinamiento no ha supuesto un mal negocio para Depresión Sonora.

Las canciones aparecieron un día cualquiera en las diferentes plataformas de música en streaming para progresivamente ir ganando adeptos, especialmente en México, donde el proyecto cuenta con cientos de miles de escuchas se ha convertido en objeto de culto. En España la devoción por Depresión Sonora empieza a despegar con la publicación por primera vez en formato físico de este EP: hace unas semanas el propio C. Tangana declaraba su amor por el proyecto en sus redes sociales. Y por todos es sabido que Tangana nunca se equivoca a la hora de detectar el talento emergente.