Con el tiempo el significado de las letras para el productor Tweety González fue tomando más y más importancia, un día navegando por Instagram se cruzo a Maia Tarcic, una joven que escribía textos y poesía muy distinto a todo . Tweety teniendo ya la decisión de hacer algo muy de él, la convocó para ponerle letra a una base musical que había compuesto.

Entre texto y música Maia fue cantando los temas, y sus melodías y color de voz fue, para sorpresa de Tweety una gema musical… así fue que nació ¨Flasheando una cualquiera¨ , primera canción juntos de muchas que verán la luz pronto.

Acerca de Maia Tarcic
Maia tiene una historia que no viene directo de la música , escribió y dirigió la obra »Bitácora» estrenada en el Margarita Xirgu.

Realizó numerosos cortometrajes. Organiza el ciclo de poesía y música “diarios del fuego”. Libros publicados: “Besar una puerta” (editorial Pánico el Pánico) “las cosas que parecen un error” (editorial Random Peguin House).

¨A menudo me encuentro en crisis existenciales y cuando me preguntan: “¿cómo estás?”, respondo: “perdida”. La reacción de la gente por lo general es un gesto de pena, de lástima. Por el contrario, para mí, los momentos de nebulosa son -aunque dolorosos- los más fructíferos. Perderse implica conocer obligadamente lo desconocido hasta poder volver igual pero distinta. Hace poco leí en un libro una frase de un filósofo pre-socrático Menón. Decía: “¿cómo emprenderás la búsqueda de aquello cuya naturaleza desconoces?” -.

Una tarde de cuarentena estricta me llega un mail de Tweety con un archivo adjunto y una sola frase: “a ver si te animas a ponerle letra y a cantarla”. A mí los desafíos me encienden, salirme de mi zona de confort es mi deporte extremo favorito y esta fue la ruta por la que acepté perderme por completo y la mejor manera de escapar del encierro.

¿Tuve miedo? Por supuesto. Pero las mejores cosas preceden ese vértigo.

Empecé con una improvisación, en donde me dejé fluir por la música. Primero tímida, luego, para nada tímida, las palabras salían como vomitando todo lo que tenía dentro del pecho, atragantado. Cuando terminamos, Tweety se tomó unos minutos, eligió las tomas que le parecían más interesantes, tanto por la armonía como por la letra y armó una estructura. Esa misma noche ya tenia un primer corte. Volví al estudio, la escuchamos y lo que sentí en el pecho todavía no lo puedo describir en palabras. Así nació “flasheando una cualquiera”. Cuando me estaba yendo, Tweety me dijo: “¿cuándo volves?” Y yo le pregunté: “pero… le falta algo que modificar?” A lo que respondió “No, para que hagamos otra”. Y así fue como hicimos otra. Y otra. Y otra. Y ese espíritu de juego, de perdernos juntos, ese acto de fe: “te llevo para que me lleves”, es una rendición placentera, una rendición elegida para ganar transformación: antes no había nada y ahora, hay una canción. No fue magia, fue la habilidad de perder(nos).